Mi verano de 2025

Mis vacaciones de verano 2025 entre Ciudad Rodrigo, Salamanca y Asturias: paisajes alucinantes, buena comida, anécdotas con amigos y Riki, y el regreso a casa.

Escrito por

Adrián Rem

Tiempo de Lectura

5 Minutos

Publicado el

18 de agosto de 2025

Este verano llegaba con expectativas muy altas. No eran unas vacaciones cualquiera: eran las primeras después de todos los cambios vitales que he vivido este año. Estaba nervioso y con una sensación rara, porque no sabía muy bien cómo enfocarlo: cómo organizar mis días, cómo sería volver a casa después de tanto movimiento y, sobre todo, cómo encajar esta nueva versión de mí en lugares que forman parte de mi pasado.

Ciudad Rodrigo: un verano dentro de otro verano

La primera parada fue en Ciudad Rodrigo, el pueblo de Riki. Allí pasé la primera semana rodeado de su familia y amigos. Fue una experiencia intensa: mucho calor, muchos planes y esa energía de verano que no te deja parar ni un momento.

Por fin pude visitar el Colmenar, la casita de campo familiar. Allí hicimos varias comidas, y una de ellas fue temática americana. (Ya es tradición que en cada encuentro inventemos un menú de un país distinto: en Semana Santa tocó mexicano, esta vez americano). Hubo piscina, sobremesas y muchas risas (como nunca puede faltar en Ciudad Rodrigo).

En la pisci del Colmenar

Me hizo especial ilusión sentirme tan acogido por los suyos: sus hermanos Carlos, Ana y Tato, sus amigos Javi y Juan, y toda la familia de Riki que ya siento también parte de la mía. Entre bromas, juegos de palabras y charlas hasta tarde, me di cuenta de lo afortunado que soy de compartir con él no solo nuestro día a día, sino también su mundo.

Y tengo que mencionar la biblio: esa estancia de la casa de Ciudad Rodrigo que se ha convertido en mi lugar favorito allí. Un refugio donde todo se siente en calma, como si el tiempo se parara. Donde, en parte, empezó todo.

En la biblio <3

Salamanca: volver a casa, llevarlo conmigo

La segunda semana tocó volver a casa. Volver a Salamanca.

Fue un cambio total de ritmo: días mucho más tranquilos y familiares. Riki por fin conoció a gran parte de mi familia y me hizo ilusión que viera mi otra raíz. Visitamos a mis abuelos, y me encantó ver la sorpresa en su cara al descubrir lo pequeños que son mis pueblos, aunque cada uno con su encanto particular. O cosas tan tontas como el huerto de mi abuelo. Y que pudiera probar las uvas que siempre comía de pequeño en verano.

También hubo paseos por la Plaza Mayor de Salamanca, una mañana de piscina improvisada y comidas familiares llenas de cariño. Y, por supuesto, alguna anécdota divertida: Riki intentando pintar un cuadro que acabó en la basura. No todo el arte es eterno, ¿no?

Asturias: entre playas y montañas

El gran viaje de este verano fue a Asturias, con mi familia. Era un destino muy especial para mí, porque siempre he veraneado allí y me hacía muchísima ilusión que Riki lo conociera por primera vez. Y lo mejor fue que se enamoró. Verlo disfrutar de esos paisajes, de esa calma y de esa fuerza del norte me enamoró a mí también, de otra manera.

El viaje empezó con una parada en el Embalse de la Luna, en León. Agua tranquila, montañas enormes y yo pensando: “¿cómo puede ser esto la primera parada?”

Desde ahí ya sabía que a Riki le iba a flipar todo, y efectivamente, estaba como un niño chico mirando alrededor.

Al llegar nuestra primera parada fueron los Bufones de Pría. Yo ya los conocía, pero volver allí con él fue distinto: ver cómo se quedaba pillado con los acantilados fue como redescubrirlo.

En La Cuevona y el pueblo de Cuevas, directamente flipó: “¿cómo que un pueblo entero tiene que entrar y salir por una cueva enorme?”. Y yo: “pues así, Asturias”.

En Ribadesella nos dimos un recorrido por el paseo marítimo. Y ojo a la Playa de Vega, que sigue siendo de mis favoritas: gigante, como a mí me gustan las buenas playas. El día acabó en Gijón, viendo unos fuegos artificiales.

El viernes empezó fuerte en Buelna: la cueva y la playa de Cobijeru son increcíbles. Riki flipando porque parecía un paisaje escondido, y yo feliz de tener la excusa de volver otra vez.

En Poo de Llanes paramos a comer un cachopo gigante (muy rico todo, 10/10 repetiría). Después nos paseamos por Llanes, que nunca decepciona con sus callecitas, casitas y el aire marinero. Y terminamos en el mirador de Andrín y la Playa de Ballota, con esa vista al atardecer que es perfecta. Recuerdo mucho ese lugar por un viaje que hice cuando era más peque, y volver fue súper guay en cierto sentido.

El domingo fue el cierre perfecto: Covadonga, que siempre impone, aunque no seas religioso. La basílica, la cueva, todo tiene un aire solemne. Compramos un par de detallitos y, aunque nos costó la vida encontrar aparcamiento, valió muchísimo la pena.

Y luego, la vuelta a lo cotidiano en Mestas de Con, parada para comer y jugar a la petanca antes de emprender el camino de vuelta.

Vuelves a casa, pero nada es igual.

Y luego está ese momento extraño de volver a casa.

Volver a una ciudad donde todo es igual… pero tú ya no. Pasear por calles que conoces de memoria, pero sintiendo que algo ha cambiado para siempre. Que tú has cambiado. Y que lo que antes era costumbre ahora se siente ajeno.

Ese choque me ha dolido. Es difícil enfrentarme a la idea de que ya no soy la misma persona que se fue, que estoy en un proceso de adaptación que a veces pesa más de lo que quisiera. Sentir que encajar en esta nueva vida significa despedirse de muchas cosas de la anterior.

Mi verano se acabó, pero… ¿y ahora?

Este verano me ha dejado momentos de desconexión, diversión y amor, pero también reflexiones profundas. Me ha enseñado que todavía estoy en construcción, que aún me cuesta adaptarme a ciertos ritmos y contextos.

Quiero repetir las risas, las conversaciones absurdas y las profundas, los juegos y las sobremesas. Lo que no quiero repetir es esa sensación de no ser del todo yo mismo en algunos momentos. Ojalá el próximo verano pueda abrazar mi nueva vida con más seguridad, sin tanto miedo a no encajar o sin estar en una lucha constante por intentar adaptarme.

Porque si algo siento es que este verano ha sido el prólogo de lo que está por venir. Septiembre marcará el inicio de mi nueva normalidad, mi nueva rutina y, en el fondo, mi nueva vida.

Comparte este post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Déjame tu correo y te aviso cuando suba nuevo post.

Otros posts

Decir adiós nunca es fácil. En este post comparto algunas despedidas importantes en mi vida: dejar mi ciudad, soltar personas...
4 min de lectura

Publicado el

18 de julio de 2025
Este post es una reflexión sobre esos momentos en los que la vida nos obliga a dar un paso atrás...
4 min de lectura

Publicado el

10 de julio de 2025
Este blog empieza con una mudanza, un poco de nostalgia, y un repaso a mis primeras veces, desde mi primer...
7 min de lectura

Publicado el

7 de julio de 2025