Durante mucho tiempo pensé que avanzar era una línea recta. Pasito a pasito, sin pausa, sin mirar atrás. Como si crecer fuera subir una escalera donde lo importante era no detenerse demasiado en cada peldaño. Mi lógica era clara: moverse hacia adelante era sinónimo de progreso. Pararse o retroceder, en cambio, parecía un error, una desviación, una señal de debilidad.
Pero con los años (y algunas movidas que no vi venir) descubrí otra cosa. A veces, avanzar implica frenar. Implica soltar lo que parecía seguro, desandar caminos que ya habías pisado, volver a empezar donde creías haber terminado. Y no, no siempre es bonito.
Muchas veces duele. Se siente como una derrota. Como si estuvieras perdiendo lo que tanto te costó conseguir. Como si fueras en dirección contraria mientras el mundo sigue corriendo.
Volver a empezar (otra vez)
Para poner un ejemplo de lo que me refiero, voy a contar algo que me sucedió hace tiempo:
Hubo una etapa en la que ya había alcanzado cierta estabilidad a nivel laboral: contratos firmes, clientes importantes, proyectos donde me sentía profesional de verdad. Hasta que me vi de nuevo en búsqueda de trabajo.
Después de varias desilusiones, decidí recurrir a la orientadora de mi master y me recomendó buscar unas prácticas. Yo pensé ¿otra vez buscando prácticas? ¿Después de todo mi recorrido profesional? ¿otra vez enviando currículums, esperando respuestas, dudando de si realmente estoy avanzando o si he vuelto al punto de partida?
Pues sí, al principio, fue frustrante. Sentía que había retrocedido, como si todo ese camino recorrido no valiera nada. Pero hoy puedo ver esa etapa con otros ojos.
Ese supuesto “paso atrás” terminó siendo el impulso que me llevó justo a donde estoy ahora: con un trabajo que me llena, rodeado de desafíos reales, acompañado por personas que creen en lo que hago. Y, sobre todo, con una visión mucho más clara de lo que quiero y hacia dónde voy.
Fue un retroceso, sí. Pero como los muelles: cuanto más se tensan hacia atrás, más fuerza acumulan para impulsarte. Esa imagen me ayuda cuando vuelvo a dudar. Me recuerda que a veces, retroceder es solo otra forma de prepararse para saltar.

Cuando retroceder no es una elección
También hay retrocesos que no elegimos. A veces la vida decide por ti.
Hay otras veces en las que retroceder no es una decisión tan consciente. A veces pasa: la vida, las circunstancias, los imprevistos te empujan hacia atrás. Y tú, pues bueno… haces lo que puedes. Todo eso que llega sin avisar y te obliga a cambiar de dirección cuando tú solo querías seguir caminando recto.
En los últimos meses, me he visto en situaciones que no planeaba. He tenido que cerrar etapas que creía seguras, despedirme de vínculos importantes, tomar decisiones que no encajaban con la versión de futuro que tenía en mente. Y volver a empezar, desde cero, en lo emocional, en lo personal, en lo cotidiano.
Es una mezcla extraña. Porque en parte lo eliges, y en parte no. Porque te ilusiona lo nuevo, pero te duele lo que dejas atrás. Y porque no siempre sabes si ese “retroceso” es realmente un avance… o solo un paréntesis en tu vida.
Dejar cosas atrás
En mi caso, también dejé una ciudad que me había visto crecer. Una rutina cómoda, unos ahorros estables, la seguridad de lo conocido. Y ahora estoy en otro lugar, con otras calles, otros ritmos, otras voces, otra gente.
Me gusta estar aquí, no lo niego. Pero también hay días en los que siento que sigo flotando. Que no pertenezco a ningún sito. Como si todavía no hubiera aterrizado del todo.
Retrocedí en estabilidad para avanzar en experiencia. En lugar de seguir acumulando certezas, decidí explorar. Y aunque aún no sé si fue la decisión más lógica, sí sé que fue la más viva. A veces avanzar no es construir sobre lo que ya tienes, sino animarte a derribarlo todo para ver qué hay más allá. Y duele. Mucho. Pero a veces atravesar ese dolor es justamente lo que hace que crezcas más.
El retroceso que cansa
También están esos retrocesos que simplemente agotan. Que no traen claridad, ni impulso, ni ninguna historia de superación. Solo cansancio.
Últimamente hay cosas que siento que no se mueven. Procesos que se alargan. Situaciones que no dependen solo de mí. Sentir que vuelves a una etapa que ya no te corresponde, pero que no te queda de otra.
Y ahí, la verdad es que, aunque sea un aprendizaje no tiene tanto glamour. Las metáforas dejan de ser bonitas y las frases motivadoras te cansan. Solo hay frustración. Duda. Repetición.
Y aun así, también eso forma parte del camino. La parte en la que nada parece avanzar, pero tú sigues estando.
A veces estar ya es bastante.
Volver no siempre es volver al mismo sitio
Escribiendo este post he estado reflexionando, y me gusta pensar que retroceder no es volver exactamente al punto de partida. Porque tú ya no eres el mismo cuando vuelves.
Aunque repitas patrones, aunque atravieses paisajes familiares, hay algo en ti que ha cambiado. Esa es la diferencia. Ya sabes más. Ya sabes lo que puedes hacer. Y, sobre todo, sabes que incluso cuando parece que todo va hacia atrás… tú estás en movimiento.
Una gran jefa y amiga me dijo que cuando tú te mueves, el universo se mueve contigo. Y no puedo estar más de acuerdo. Ahora lo entiendo. Porque estar en movimiento no solo implica ir hacia delante, implica tomar curvas, subidas, bajadas, rotondas, rasantes… (perdón, me estoy sacando el carnet de conducir y me he inspirado). Y todo ese movimiento no siempre es linear, pero es movimiento, y eso la vida lo sabe. Y se mueve contigo.
Una última reflexión sobre retroceder
No te voy a decir que retroceder sea bonito. No siempre lo es. Pero a veces, es justo lo que necesitábamos. Para respirar. Para resetear. Para reencontrarnos. Para renacer.
Aunque duela. Aunque a veces te tires de los pelos. Aunque pienses que no estás avanzando. A veces retroceder es un punto de inflexión. Para saber qué es lo que quieres, para poner tus límites, para tomar tus decisiones, para crecer… retroceder para avanzar.
Y si tú también estás en medio de un retroceso, o de un limbo, o de una pausa inesperada…
Espero que encuentres tu forma de empujarte hacia adelante.
Aunque sea lento.
Aunque sea en silencio.
Aunque no parezca avance todavía.
✦ Nos seguimos leyendo.